El eslabón más extremo de las fortificaciones de la XYZ a su oeste se encontraba en Santa Cruz de Moya, allí donde trabajaron batallones de obras y fortificaciones y compañías de ingenieros del Ejército de Levante, dirigido por López Menéndez a partir de junio de 1938. Buena parte de esas obras permitieron dar seguridad a los combatientes y retener, retrasar y dificultar la toma de la ciudad de València durante la larga batalla.
No fue una tarea fácil. El objetivo era resistir y fortificar esperando un momento más propicio a nivel internacional. Pero la II República, abandonada por sus parteners democráticos, no pudo cumplir con su digno objetivo; contrarrestar el apoyo del Eje al ejército sublevado y negociar en unas condiciones dignas un armisticio.
Tras meses de resistencia la batalla terminó y el frente se trasladó al Ebro. Nadie se acordó de la batalla y del trabajo, de la defensa republicana que fue una victoria.
La Diputación de Cuenca ha invertido 70.000 euros en la recuperación de trincheras y algunos tramos de la fortificación defensiva. A los trabajos arqueológicos han seguido los trabajos de limpieza. Una buena iniciativa, una iniciativa que fomenta el trabajo de desarrollo local. El fomento del turismo en las zonas rurales puede beneficiarse también por este tipo de iniciativas. Este propósito debe ser compatible con la memoria, es necesario hablar de un turismo de memoria. Lo contrario sería caer en la banalización del pasado. Empero, si el esfuerzo sirve para optar al conocimiento del pasado a las causas que provocaron el conflicto, tanto internas como externas y a un mejor conocimiento de las condiciones en las que todo aquello se produjo y sus consecuencias habremos ganado algo más que un espacio para el ocio y el disfrute de la naturaleza.
En contraste, en las zonas urbanas, el desarrollo de este tipo de iniciativas parece que encuentra otra serie de dificultades. ¿Será casualidad?

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